¿Tu negocio podría funcionar 90 días sin ti?
Un negocio puede ser rentable, tener clientes, empleados, inventario y años de experiencia. Y aun así tener un problema que difícilmente aparece en sus estados financieros: todo depende del dueño. Mientras estás presente, probablemente ni siquiera lo notes. Tú autorizas los pagos. Tú conoces a los proveedores. Tú resuelves los problemas importantes. Tú tienes relación con los principales clientes. Y cuando algo sale mal, todos saben a quién llamar. Eso puede funcionar durante años. Hasta que un día tú no puedes estar. Imagina que mañana tienes que dejar de trabajar durante 90 días publicación


¿Tu negocio podría funcionar 90 días sin ti?
Un negocio puede ser rentable, tener clientes, empleados, inventario y años de experiencia.
Y aun así tener un problema que difícilmente aparece en sus estados financieros:
todo depende del dueño.
Mientras estás presente, probablemente ni siquiera lo notes.
Tú autorizas los pagos.
Tú conoces a los proveedores.
Tú resuelves los problemas importantes.
Tú tienes relación con los principales clientes.
Y cuando algo sale mal, todos saben a quién llamar.
Eso puede funcionar durante años.
Hasta que un día tú no puedes estar.
Imagina que mañana tienes que dejar de trabajar durante 90 días
No necesariamente tiene que ocurrir algo catastrófico.
Una cirugía, un accidente o simplemente una recuperación que te impida estar físicamente en el negocio durante algunos meses puede ser suficiente.
Entonces empiezan las preguntas incómodas:
¿Quién puede tomar decisiones importantes en tu ausencia?
¿Alguien más tiene acceso a las cuentas, contratos e información necesaria para operar?
¿Los clientes importantes tienen relación con la empresa o solamente contigo?
¿Existe suficiente liquidez para pagar nómina, renta y proveedores si durante ese periodo disminuyen los ingresos?
Y hay otra pregunta que pocas veces hacemos:
¿tu familia tendría que sacar dinero del negocio para cubrir sus propios gastos?
Porque entonces un mismo problema comienza a afectar dos patrimonios al mismo tiempo: el de la empresa y el de la familia.
El primer paso no es comprar un seguro
Antes de pensar en transferir financieramente un riesgo, vale la pena preguntarse cuánto podemos reducirlo.
Un negocio menos dependiente de su dueño puede tener:
Procesos importantes documentados.
Una persona capaz de asumir determinadas decisiones.
Accesos e información organizados.
Liquidez para enfrentar una interrupción temporal.
Una separación clara entre las finanzas del negocio y las de la familia.
Nada de eso requiere una póliza.
Y probablemente sea conveniente hacerlo aunque nunca contrates una.
Pero existe un punto en el que el riesgo ya no puede eliminarse solamente con organización.
¿Qué pasa si la ausencia se prolonga?
¿Qué ocurre si los ingresos disminuyen justo cuando aparecen nuevos gastos?
¿Durante cuánto tiempo podrían sostenerse simultáneamente el negocio y la familia?
Ahí es donde vale la pena analizar qué mecanismos financieros pueden complementar el plan: reservas, ahorro, protección mediante seguros u otras alternativas dependiendo de cada situación.
Haz una prueba sencilla
No necesitas una hoja de cálculo complicada.
Pregúntate:
Si mañana desapareciera de la operación durante 90 días, ¿qué sería lo primero que comenzaría a fallar?
Después pregunta:
¿qué fallaría después?
La respuesta probablemente te muestre dónde está realmente concentrado el riesgo de tu negocio.
Durante los próximos días estaré haciendo precisamente esta pregunta a algunos dueños de negocio.
No para comenzar hablando de seguros.
Primero quiero saber algo mucho más importante:
¿el negocio está construido para funcionar o está construido para funcionar mientras su dueño esté presente?
☕ Roberto Rodríguez
Entre Planes y Café
